Un irrespeto al fútbol dominicano

artículo de opinión irrespeto al fútbol dominicano

Por Manuel Acevedo Díaz

Lo que está ocurriendo con la Cancha de Fútbol del Parque del Este no puede verse como un simple inconveniente de calendario, ni mucho menos reducirse a una discusión entre dos disciplinas deportivas. Es algo mucho más serio: es un irrespeto al fútbol dominicano.

Comencemos por llamar a las cosas por su nombre. Se trata de la Cancha de Fútbol del Parque del Este, una instalación ubicada dentro del complejo deportivo del Parque del Este que fue construida para la celebración de los Juegos Panamericanos Santo Domingo 2003 y que, desde entonces, ha servido de manera permanente al desarrollo del fútbol nacional.

No estamos hablando de un terreno abandonado que circunstancialmente fue utilizado para jugar fútbol.

Durante más de dos décadas allí se han celebrado partidos y actividades vinculadas a esta disciplina. Desde la creación de la Liga Dominicana de Fútbol en 2015, ha sido uno de sus escenarios habituales y actualmente es la casa de Delfines del Este.

Y hay otro elemento que quienes conocen nuestra liga saben perfectamente: el Parque del Este es una de las canchas donde mejor responde el público de la LDF.

Por eso resulta todavía más difícil entender lo sucedido.

Una cancha recuperada con recursos del fútbol

Hay algo que también debe quedar establecido. La recuperación de ese terreno para devolverlo a condiciones adecuadas para jugar fútbol requirió una inversión importante de la Federación Dominicana de Fútbol.

Entre noviembre de 2021 y mayo de 2022 se realizó una primera fase de intervención del ente rector del balompié nacional sobre esta infraestructura, que abarcó la remoción total del antiguo gramado, la instalación de un nuevo sistema de riego y drenaje, la colocación de la nueva grama -tipo bermuda-, la refacción de la cerca perimetral, además del mantenimiento de las sillas de la tribuna para la comodidad de los fanáticos..

De acuerdo con los datos disponibles sobre aquella intervención, la inversión llegó, procedentes de fondos acumulados por la autogestión de la Federación Dominicana de Fúbol, recibiendo ingresos por eventos internacionales en el país. Por ejemplo, en medio de la pandemia, República Dominicana fue sede de partidos de eliminatorias de otros paises, al mundial de Catar 2022.

Es decir, fueron recursos administrados por el fútbol dominicano para recuperar una cancha de fútbol.

El terreno fue reinaugurado el 8 de mayo de 2022 con un partido de la Liga Dominicana de Fútbol entre Delfines del Este y Jarabacoa FC.

Por eso rechazo que ahora se pretenda presentar esta instalación como un espacio abandonado o sin uso.

No solo se juega LDF

Y conviene recordar algo que muchas veces queda fuera de la conversación: la Cancha de Fútbol del Parque del Este no se utiliza únicamente para los partidos de la Liga Dominicana de Fútbol. Gran parte de su uso corresponde al fútbol formativo, con encuentros de las diferentes categorías organizadas por la Federación Dominicana de Fútbol a nivel nacional, tanto en la rama masculina como en la femenina. Es decir, cuando este terreno queda imposibilitado para jugar fútbol, no solamente se afecta a la LDF y a Delfines del Este; también se perjudica el desarrollo de niños, niñas y jóvenes que forman parte de la estructura competitiva del fútbol dominicano.

Los números dicen otra cosa. Solo durante este año, según las informaciones ofrecidas por la Federación Dominicana de Fútbol, allí se han disputado 143 partidos y alrededor de 14 clubes de Santo Domingo Este utilizan sus instalaciones.

Eso no es abandono.

Eso es fútbol.

El rugby no es el problema

Y quiero ser muy claro en este punto porque resulta demasiado fácil desviar la discusión.

El fútbol dominicano no está en contra del rugby 7.

El rugby tiene todo el derecho de crecer, desarrollarse, conseguir instalaciones adecuadas y aprovechar el impulso generado por los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.

Ojalá lo haga.

El problema no fue que durante los Juegos se utilizara temporalmente la cancha para celebrar la competición de rugby 7.

El problema es cómo se intervino una instalación destinada al fútbol y cómo, terminados los Juegos, no se ha garantizado que pueda volver a utilizarse inmediatamente para la disciplina para la cual fue construida.

Las porterías de rugby no fueron colocadas mediante una solución móvil que permitiera retirarlas una vez concluida la competición. Según ha explicado la Federación Dominicana de Fútbol, se instalaron estructuras sobre bases fijas de hormigón.

Y ahí comienza el verdadero problema.

Esas bases interfieren con las dimensiones necesarias para el fútbol y, más preocupante todavía, están ubicadas en una zona de acción permanente de los jugadores, próxima a donde deben instalarse las porterías de fútbol y dentro de un espacio que constantemente recorren los futbolistas, especialmente los guardametas.

No estamos hablando simplemente de tapar un hoyo, colocar un poco de tierra y poner grama encima.

Estamos hablando de seguridad.

¿Qué ocurriría si un portero, en una salida, un salto o una estirada, pisa una zona bajo la cual permanece una estructura de hormigón?

¿Quién asumiría la responsabilidad si un futbolista resulta lesionado?

Ningún partido vale ese riesgo.

¿Quién planificó esto?

Aquí es donde necesariamente aparecen las preguntas.

¿Cuando se decidió utilizar la Cancha de Fútbol del Parque del Este para el rugby 7 se contempló cómo sería devuelta posteriormente al fútbol?

¿Quién autorizó la instalación de estructuras fijas de hormigón dentro de un terreno utilizado regularmente para competiciones profesionales?

¿Por qué no se utilizaron porterías móviles o una solución que pudiera desmontarse inmediatamente después de los Juegos?

¿Existía un plan para restablecer las dimensiones reglamentarias del terreno?

¿Quién tiene ahora la responsabilidad de retirar esas estructuras y reparar correctamente la superficie?

Son preguntas que merecen respuestas.

Porque los Juegos terminaron el 8 de agosto y la Liga Dominicana de Fútbol está desarrollando su Torneo Apertura 2026. Sin embargo, una instalación que forma parte de su estructura competitiva no puede utilizarse normalmente.

Ya hubo consecuencias: un partido tuvo que ser suspendido porque el terreno no cumplía con las dimensiones requeridas.

Y Delfines del Este ha tenido que buscar alternativas fuera de su escenario habitual, incluyendo el Estadio Panamericano de San Cristóbal.

Eso significa costos, desplazamientos, significa afectar la asistencia del público, además alterar compromisos comerciales y deportivos de un club profesional.

El fútbol dominicano se ha ganado respeto

Pero hay algo que me preocupa todavía más: que a partir de esta situación se haya querido insinuar que el fútbol dominicano está obstaculizando el crecimiento del rugby.

Eso resulta injusto.

Y, a mi juicio, también constituye un irrespeto.

El fútbol dominicano no tiene que demostrarle a nadie su compromiso con el desarrollo del deporte nacional.

Se lo ha ganado trabajando.

En los últimos años, República Dominicana ha conseguido resultados que durante décadas parecían extremadamente difíciles de alcanzar.

El fútbol masculino clasificó por primera vez a unos Juegos Olímpicos y a una Copa Mundial Sub-20.

Las selecciones nacionales masculina y femenina han alcanzado competiciones de primer nivel de la Concacaf.

República Dominicana organizó una Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA, colocando al país en el escenario internacional y demostrando capacidad para recibir grandes acontecimientos.

Los clubes profesionales dominicanos han elevado su presencia internacional y han competido frente a importantes organizaciones de nuestra Confederación.

Nuestros futbolistas salen cada vez más al extranjero. Talentos desarrollados desde categorías menores en el país continúan creciendo hasta convertirse en jugadores profesionales y, posteriormente, en piezas importantes de nuestras selecciones nacionales.

FIFA y Concacaf han depositado confianza en el trabajo que se realiza en República Dominicana. Incluso en momentos extraordinariamente complejos, como durante la pandemia, el país recibió competiciones internacionales gracias a la capacidad organizativa demostrada por la Federación Dominicana de Fútbol.

Y hoy existen importantes proyectos de Concacaf que fortalecen todavía más la posición de República Dominicana dentro del fútbol regional.

Nada de eso ocurrió por casualidad.

Ha sido producto de años de trabajo.

Respetar al rugby y respetar al fútbol

Defender la Cancha de Fútbol del Parque del Este no significa atacar al rugby.

Ese falso enfrentamiento no beneficia a nadie.

Yo quiero que el rugby dominicano tenga instalaciones. Quiero que pueda desarrollarse después del impulso recibido en Santo Domingo 2026. Quiero que sus atletas dispongan de condiciones dignas para entrenar y competir.

Pero el crecimiento de una disciplina no puede producirse a costa de perjudicar otra.

Mucho menos interviniendo una instalación construida para fútbol, utilizada durante más de 20 años por el fútbol, recuperada con recursos gestionados por el fútbol y que continúa siendo necesaria para el desarrollo cotidiano del fútbol.

El problema aquí no es el rugby.

Lo que si es problema es la planificación.

El problema es haber instalado estructuras que no podían retirarse fácilmente una vez terminados los Juegos.

Y entonces el problema es que semanas después de concluido el evento todavía estemos discutiendo cómo devolver una cancha de fútbol al fútbol.

Y el problema también es intentar desacreditar a quienes legítimamente reclaman que esa instalación sea entregada nuevamente en las condiciones necesarias para practicar el deporte para el cual fue concebida.

El fútbol dominicano ha crecido demasiado, ha trabajado demasiado y ha conseguido demasiado para tener que pedir permiso para defender una instalación que históricamente le pertenece en términos de uso deportivo.

No pide privilegios.

No pide detener el crecimiento de otra disciplina.

Pide que le devuelvan su cancha en condiciones reglamentarias y seguras.

Nada más.

Y también nada menos.

Porque después de todo lo que ha costado construir el fútbol que hoy tenemos, permitir que una situación como esta se normalice sería aceptar algo que el fútbol dominicano ya no merece:

un irrespeto.

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